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Los trabajos y las noches, un homenaje a Lucrecia Plat

Lucrecia Plat es la protagonista del homenaje que le rendirá la 17ª edición de la feria BAphoto, alojada desde el miércoles hasta el domingo próximos en Casa Basavilbaso. Plat, que se consideraba «una laburante de la fotografía» y trabajaba para ganarse la vida, registró con sello propio la noche porteña de los años 70 y retrató a varios de los más destacados escritores de la Argentina.

En esta edición, la fotógrafa destacada en “Artista Homenaje” es la argentina Lucrecia Plat. Curada por Francisco Medail, la exhibición recorre gran parte de la producción de Plat en sus cuarenta años de trabajo, entre la cual se destaca la serie de retratos íntimos a Alejandra Pizarnik y los registros nocturnos de la élite porteña. Como parte del homenaje, BAphoto organiza un conversatorio con Lucrecia Plat. Sumadas las participaciones de Clara Nerone y Bruno Dubner, y moderada por Francisco Medail, la conversación ¨Los trabajos y las noches¨ se realizará el Viernes 15 de octubre a las 18:30 hs en BAphoto. (Casa Basavilbaso, Basavilbaso 1233, CABA)

El programa de homenajes dentro de BAphoto tiene como objetivo recuperar y poner en valor a las figuras de la disciplina fotográfica cuya producción impactó la historia local. Desde entonces, se han realizado homenajes a Jorge Friedman, Juan Di Sandro, Frans van Riel, Pepe Fernández, Pedro Otero y Foto Estudio Luisita.

“Es un placer para nosotros realizar este homenaje en vida” destaca Diego Costa Peuser, Director de BAphoto. “Es una oportunidad para subrayar la importante tarea de los fotógrafos y fotógrafas que activamente contribuyen a la identidad visual argentina.”

homenaje a Lucrecia Plat_Revista Contrastes

LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES

Por Francisco Medail. Curador

1969. Son las dos de la mañana y suena el teléfono. Lucrecia Plat atiende. Del otro lado, una voz trastabillada le ofrece una propuesta: hagamos un libro juntas sobre muñecas, yo escribo los poemas y vos haces las fotos. La que habla es Alejandra Pizarnik, a quien Lucrecia había conocido años atrás en una sesión de fotos para el Centro Editor de América Latina. Esa tarde, Alejandra había estado desenvuelta y divertida, una actitud no frecuente en la poeta. Mucho tiempo después, Lucrecia se enteraría por una amiga en común que Alejandra estaba en franco plan de seducirla.

El ofrecimiento de hacer un fotolibro en conjunto quedó en la nada. Plat prometió llamarla, pero estaba demasiado ocupada con su reciente maternidad como para concentrarse en proyectos poco rentables (que iba a saber ella que los fotolibros entre escritores y fotógrafos del siglo XX serían reliquias en el actual mercado del arte). Es que Lucrecia Plat es, ante todo, una trabajadora. Su acercamiento a la fotografía fue principalmente para ganarse la vida. Había sido empleada municipal pero su pareja de entonces la motivó a cambiar la oficina por la cámara. Su padre se negaba a que fuese fotógrafa, un trabajo mal visto por las clases medias aspiracionales de aquellos años. “No te preocupes, nadie va a saber que soy hija tuya” le respondió ella, y a partir de entonces se modificó el apellido.

Lucrecia hizo de todo. Casamientos, encargos de publicidad, registros periodísticos para medios internacionales. Soñaba con tener un sueldo estable y para eso intentó entrar al varonil mundo de las revistas ilustradas. Había estado con su cámara en la Masacre de Ezeiza pero resultó insuficiente. Siendo mujer, no había experiencia ni valentía que valga. Para el Centro Editor de América Latina, Boris Spivacow le dio una única consiga: que los retratos a escritores no sean convencionales. Así se explica, por ejemplo, la foto de Roberto Juarroz parado en la cornisa de la Facultad de Filosofía y Letras, en su vieja sede de calle Independencia. A finales de los 70, fue contratada por el diario La Nación para cubrir eventos sociales. Allí registró las fiestas nocturnas de la oligarquía argentina, que entre cocktails y cigarrillos festejaba el nuevo rumbo económico del país. Lucrecia no esperaba a que las personas posaran, disparaba el obturador y seguía de largo. Eso sí, tenía cuidado. Ser fotógrafa en plena dictadura militar era un riesgo.

Tiempo después abrió su propio estudio publicitario, aunque se aburrió rápidamente. El perfeccionismo técnico y la creatividad no iban de la mano. Con la cámara de placa que compró por entonces hizo años después la serie Carteras de mujeres, su principal acercamiento a la fotografía conceptual. Al cierre del estudio le siguieron otros encargos. Nunca dejó de sacar fotos.

Lucrecia fue siempre consciente del valor testimonial que tendrían sus imágenes. Registran personas y momentos importantes de nuestra historia. Hoy las mira y lo vuelve a comprobar, aunque nunca imaginó que le harían un homenaje en una feria de arte.